APRENDER A DECIR QUE NO EN EL SISTEMA CELULAR.



Henry Preza

Ya pasó hace varios años y no recuerdo bien cuando comencé como supervisor de células. Tengo la impresión que comencé como supervisor celular entre los 15 y 16 años de edad. Me dieron un sector de dos células. Después abrí una célula y llegué a las tres. Después de dos años éramos más de 10.
Pero, en los comienzos recuerdo haber capacitado a un líder que se había convertido el tercer sábado que yo fui líder en mi célula. Éste hermano siempre fue una persona muy especial en su servicio. Él fue una persona muy trabajadora en la obra de Dios, fue un apoyo muy grande en mi célula. Después, al pasar unos seis meses  de haber comenzado como supervisor él comenzó también como líder en mi sector y tuvo un éxito rotundo en la célula. Todos los sábados tenía grandes asistencias y conversiones. En ese tiempo, yo tenía problemas con otros líderes de mi sector (a causa de mi edad) que casi no trabajaban en nada y eran muy negligentes. Pero, éste hermano era muy especial y me apoyaba.
Un día sábado sucedió algo trágico. Éste hermano había tenido problemas personales que le tenían preocupado desde hace mucho tiempo. Todo desencadenó en que bajo la tentación de unos amigos cayó del evangelio y comenzó a emborracharse. A eso de las 9 de la mañana él estaba completamente ebrio ¡En día sábado!




Yo llegué a las tres de la tarde, porque su hermano llegó a buscarme para contarme y fui a hablar con él. Él me contó como se sentía y yo le ayude a levantarse. Después junto con su hermano hicimos lo posible para que él se bañara, se vistiera y dejara de tomar. Tiempo después se durmió.
A las cuatro de la tarde, junto con mi amigo Luis estábamos sentados en la casa del hermano pensando qué hacer. Yo no sabía que hacer, apenas estaba comenzando. No había celulares para comunicarme con alguien. No sabía qué hacer ¿Podía esperar a que le pasaran los efectos del alcohol y dejarlo así como que nada había pasado? De todas maneras nadie se había dado cuenta, sólo su familia, un líder y yo. Así que podíamos dejarlo así, de todas maneras nosotros lo controlaríamos para que ya no recayera. Pero, también pensaba que necesitaba la opinión de mis líderes, de los ancianos y de mi pastor de zona. Tendría que hablar con ellos al siguiente día.
Decidí que él no podía dirigir la reunión aunque él quería hacerlo. Lo dejé sentado y yo dirigí su reunión. El siguiente día le dije que llegara a la iglesia porque de seguro alguien querría hablar con él. Yo de mi parte le dije que no sabía que hacer y que él esperara la respuesta de parte de cualquiera de los hermanos superiores.
El siguiente día a las 8 de la mañana estaba en la iglesia hablando con mi pastor de zona. Después él habló con el líder. Finalmente el hermano pastor me dijo que él tampoco sabía que hacer, pues, se daban las condiciones para darle una oportunidad al hermano líder y dejarlo así como que nada había pasado.
Sin embargo, la decisión era tan delicada que había que preguntarle a los ancianos de la iglesia. Llegamos a las cuatro de la tarde donde el hermano Celso  Sandoval y Hugo Algarín que por ese tiempo eran ancianos de la iglesia. Les contamos la situación y les expusimos que él, desde nuestro punto de vista, podía seguir como líder, a pesar del problema, ya que se había reconciliado con Dios ese mismo día y pensábamos que ya no volvería a caer.
La respuesta del pastor Algarín fue muy molesta y directa: “No, como puede creer Henry, él no vuelve a su privilegio hasta dentro de unos seis meses si es que da frutos de haberse arrepentido y no recae de nuevo. Cierre esa célula y no vuelva a abrirla hasta que nosotros le digamos.”
Yo quise argumentar para que cambiara de opinión, pero, el hermano Celso Sandoval me dijo: “Henry, sin lo permitimos una vez en la iglesia todos van a querer hacerlo, es cuestión de guardar la santidad de la iglesia.” El hermano Algarín me dijo que por favor no insistiera y que mejor obedeciera.
Ese día yo salí muy triste de la oficina sin entender las razones de ellos. Llamé al líder y le expliqué la decisión que se había tomado. Al parecer él estaba más consciente de la justicia de esa decisión que yo mismo.
Ese día se cerró esa célula. El pastor y yo estábamos equivocados, ellos no. Yo aprendí una convicción grande por la santidad de parte de éstos dos ancianos. Después, en futuras decisiones y circunstancias yo ya había cambiado mi forma de pensar y entendía las razones bíblicas de la disciplina.
Realmente, éstos dos ancianos de la iglesia me enseñaron en esa ocasión la verdad que hay que guardar la santidad en el sistema celular. No se puede decir que sí al pecado. Cuando se trata del pecado en las células, de distorsiones y errores, sólo hay una respuesta: NO.
¿Cuál es su reacción ante el pecado en las células? ¿Cómo reacciona a la hora de poner disciplina? ¿Qué hace con las situaciones incorrectas que se dan en su zona de trabajo? A causa de necesidad de líderes, deseo de crecer o respeto por una persona no debemos cambiar las convicciones de la Palabra. Esto si queremos tener un sistema celular exitoso.
Aquel hermano nunca recayó de nuevo, de eso ya más de 8 años. Hoy es un supervisor de células exitoso y alguien íntegro. Sin duda, la disciplina fue eficaz.

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