OBLIGACIONES BÁSICAS DE LOS SUPERVISORES CELULARES.


Henry Preza

Un sistema celular sin supervisión se convierte en una anarquía donde cada líder hace lo que bien le parece y establece sus propias formas de trabajo. La supervisión entonces es buena si se quiere que los líderes sigan al pie de la letra los principios celulares.
Un líder sin evaluación se convierte en un líder sin excelencia. Probablemente hagan las cosas con despreocupación y sientan que lo están haciendo bien todo, aún cuando, las cosas estén mal.
El supervisor debe ser primero el pastor, después él debe delegar células a cargo de los supervisores. Estos supervisores fueron los mejores líderes y tienen cualidades de liderazgo y reconocimiento de sus líderes.
Desde mi punto de vista son dos cosas las principales que debe realizar el líder (ya hemos hablado de otras obligaciones en ocasiones anteriores, pero, hoy quiero repetir lo fundamental):



1. Supervisar: Debe velar por el orden, por el cumplimiento del modelo. No debe permitir ningún cambio, los líderes no pueden cambiar nada del modelo, sólo el pastor. Conozco el caso de varias iglesias celulares en mi ciudad y creo que la mayor debilidad de muchos de ellos está en la supervisión. Encontré en éstas iglesias supervisores que cambiaban la reunión de planificación al día que ellos querían (o no la hacían), otros que no exigían a sus líderes asistencia a la iglesia, anfitriones en estado civil de fornicación, encontré una anfitriona que no iba a los cultos por asistir a los alcohólicos anónimos y supervisores que eran promovidos por amistad. Algunos supervisores tienen poca eficiencia para solucionar problemas y terminan desanimando a la gente. Otros ponían a sus sectores contra su pastor y se entrometían en lo ajeno, y murmuraban. Sin embargo, no todos son así, pero, si se da éste problema varias iglesias celulares. Por ésta razón, éstas iglesias sufren muchas divisiones o tienen un sistema celular que ya no está creciendo.

2. Animar: Fortalezca el trabajo de sus líderes reconociéndoles y dándoles palabras de ánimo. El supervisor no es el “que pone el dedo en la llaga” cuando algo está mal sino que es el que anima a hacer las cosas bien, con su ejemplo y sus palabras de amor. El encargado de la disciplina es el pastor, el supervisor vela por el orden, pero, no tiene autoridad para regañar, suspender o reclamar. Él sólo debe supervisar y animar. Los que hacen lo contrario o no cumplen con alguna de éstas cosas terminan perdiendo la autoridad.

¿Cómo está trabajando la supervisión en tu iglesia? 
¿Puedes contar tu caso?

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